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Un hecho: sólo puedes sacar un libro de una biblioteca universitaria si eres estudiante. Es una de tantas manifestaciones de la confusión del término público. Este caso está agravado por confundir además qué debe ser la enseñanza. Se da una mezcla tóxica de normas y límites. Por un lado, los planes de estudio separan unos conocimientos de otros. No se enseña que lo rico y útil puede venir de conjugar saberes diversos, sino que todo se especializa. Especializarse, como todo, es malo si es la única opción. En segundo lugar se circunscribe el aprendizaje a unos años concretos, pues al acabar los estudios debes trabajar. Si a veces es complicado profundizar en el conocimiento de tu propia materia una vez llegado al trabajo, qué vamos a decir de estudiar algo nuevo. Tú ya no eres estudiante, no puedes ni usar la biblioteca. Lo más violento es que son los estudios, las personas encargadas de configurar la enseñanza y llevarla a cabo, quienes deberían decir esto. Defender lo público, contagiar la curiosidad. Hacerla natural.

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